Aunque quizá de una forma sencilla e introductoria, me parece que hasta ahora el libro de Xavier Rubert de Ventós logra poner sobre la mesa reflexiones interesantes con respecto a lo que es la “actitud” filosófica de una manera que se integra a la experiencia cotidiana.
Es indiscutible que nuestra esencia es la de seres limitados (por el lenguaje- que determina nuestra estructura mental-, por cuestiones psicológicas de percepción, etc). En lo personal, lo que más rescato de lo anterior es que es precisamente esa naturaleza limitada la que nos empuja a ir más allá de lo expresable e incluso de lo concebible, expandiendo las posibilidades de nuestra vivencia frente a lo desconocido, angustiante e indefinido.
Es verdad que el lenguaje nos resulta insuficiente (e ineficiente) y que rara vez sentimos, por ejemplo, odio, rencor o amor, pero es precisamente esa inquietud frente a lo inexpresable lo que nos lleva a algo más. Un ejemplo concreto para mí sería “En busca del tiempo perdido” y la técnica narrativa de Proust, que utiliza las palabras y las experiencias en general como si fueran bloques que, unidos, se convierten en una imagen precisa de algo que sería indescifrable de otra manera. Es como si apelara a objetos y sensaciones cotidianas, accesibles a todo mundo, y las apilara hasta que emerge esa sensación de lo inefable (como la famosa y multicitada madalena). El punto sería que el progreso (arte, filosofía, tecnología) deviene en gran parte de la incomodidad.
Finalmente, creo que el autor logra plantear de forma simpática a los filósofos como seres moderadamente irritantes, como niños con preguntas insaciables y personas que se dedican profesionalmente a tergiversar (con más preguntas) los supuestos que rigen los esquemas sociales. Un conocimiento omnipotente que todo lo abarca termina por asemejarse más a un concepto mágico y mítico de aproximación al mundo. Lo importante entonces sería entender el conocimiento como el acercamiento desde un ángulo contextualizado a una realidad que está en constante movimiento, de modo que al vivir bajo la idea del conocimiento débil se está más bien apelando a su fortaleza más grande.
martes, 27 de enero de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

muy bien
ResponderEliminar